BIOMÉTRICOS: ¿DE DÓNDE SALIERON?

Si siempre te has preguntado de dónde salieron estas herramientas maravillosas llamadas biométricos, quizá este artículo te interese. Son una solución a infinitas problemáticas que abarcan desde la industria y negocios hasta la criminalística. Veamos…

No es nada nuevo, en realidad. La necesidad de distinguir a las personas de acuerdo a sus rasgos físicos se remota a siglos atrás. Sin embargo, los sistemas digitalizados y automatizados, sí son cosa de la actualidad (de las últimas décadas tecnológicas). Muchas de estas nuevas técnicas automatizadas, sin embargo, se basan en ideas que fueron concebidas originalmente cientos, incluso miles de años atrás.

Comencemos por donde se tiene que comenzar…la más fácil manera de reconocer a alguien, es a través de la vista. Por eso no te es extraño saber que en las primeras cuevas se encontraran dibujos de ciertos personajes. Ellos sabrían quién era quién tan sólo con reconocer sus rasgos o su actividad.

Pero no sólo eso, sino que en esta misma forma de arte habían maneras mucho más específicas para reconocer al autor: claro, sus huellas dactilares impresas en la roca.

Estas huellas además continúan usándose a la fecha. En tablas de arcilla, en transacciones comerciales de Babilonia (S. 500 Antes de Cristo), se imponían estas marcas para reconocer la veracidad del negocio y de la mercancía.  La antigua China lo ponía en práctica también. A diferencia de ellos, los egipcios optaban por describir la apariencia física para saber si la mercancía entregada era directa del proveedor. Lo mismo utilizaban para saber quiénes habían sido criminales, y de dónde provenía una persona (si su familia tenía registro de estas huellas). Lo cierto es que el actual sistema de huellas digitales ha sido un éxito desde el primero momento concebido. Otro tipo de biométricos para distinguir y reconocer a los criminales (ya bien entrados en este campo) eran las medidas de los miembros. Así como su nombre lo dice, bio (vida) y métricos (medidas), se ponían en funcionamiento las técnicas: tener bajo registro cuánto medía el brazo de la persona acusada, por ejemplo, era una forma más de mantener el reconocimiento fiel. Otras formas de esta misma solución eran medir la estatura, los pies y otras partes del cuerpo, y mantener su historia bajo llave.  Sin embargo, debido a que los sistemas de medición eran variables (de Francia a Estados Unidos, a Inglaterra), muchos errores acontecían. Las huellas digitales nunca fueron tan utilizadas como en aquel momento, por su gran certeza. De hecho, hoy en día existe un sistema de clasificación de huellas digitales llamado Henry, gracias al investigador que lo propuso en el Siglo XVIII. Como decíamos, fue entre los años 1800, que la identificación de personas como tal dio su boom total. La revolución industrial, la agricultura, las novedosas formas de comercio, necesitaban manera de reconocer, no sólo basándose en experiencias o conocimientos de la localidad.  Influidos por los escritos de Jeremy Betham y otros pensadores utilitaristas, los tribunales de este período comenzaron a codificar conceptos de justicia que perduran con nosotros hasta nuestros días. Más notablemente, los sistemas de justicia trataron de tratar a los delincuentes de primera vez con más indulgencia y de reincidir a los delincuentes con más dureza. Esto creó la necesidad de un sistema formal que registró los delitos junto con los rasgos de identidad medidos del delincuente.  Los sistemas de biométricos que conoces hoy en día vieron la luz como tal hasta hace poco. En los años noventa se puede decir que, gracias a la tecnología que avanzaba con rapidez, los antiguos e ineficientes sistemas encontraron su mejora continua. Para el año 2000 ya era mucho más fácil obtener respuestas con la biometría ¡que ya era digital! Seguramente recuerdas en alguna película futurista, el uso de identificador de iris. Pues el primer algoritmo de reconocimiento del iris no fue patentado hasta 1994 y se hizo disponible comercialmente al año siguiente. Imagina todo lo que este sencillo método implicaba, no sólo para la criminalística, sino para los sistemas de seguridad y control, para los negocios, grandes corporaciones, incluso escuelas. Al día de hoy no es nada extraño tener que presionar el dedo índice contra una pequeña pantalla para poder ingresar a edificios de todo tipo, desde gimnasios exclusivos hasta museos.

En el área corporativa, no sólo los clientes están más seguros cuando ingresan a sus respectivas transacciones, sino que los biométricos permiten que los mismos empleados puedan sentirse en tranquilidad, eliminando posibles amenazas de afuera. O bien, para los administradores, CEO o bien, la gente de Recursos Humanos, estos sistemas biométricos permiten llevar un mejor control de entradas y salidas, de llegadas y faltas. Lo cual sólo significa una mejor gestión total de parte de la empresa. Cosa que por supuesto antes, era imposible, o sumamente difícil (imagina anotar entradas y salidas de dos turnos en una fábrica, durante siete días, los 30 días del mes, los 12 meses del año…¡por años! Sin duda alguna las listas se podían perder o modificar fácilmente).

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